Carlos del Castillo nació el 13 de septiembre de 1882.
Desde su niñez intuyó y entendió su vocación musical y, aún con la resistencia de la familia inició sus estudios de piano. Alguno de sus biógrafos menciona que al inscribirse en el Conservatorio Nacional en 1895, también estudió violín y violoncello, lo que explica su temprano conocimiento en lo que a música de cámara se refiere.

Carlos del Catillo al clavicordio - Julián Carrillo dirigiendo
La posibilidad de prepararse en centros artísticos de prestigio, obtener mayores y mejores herramientas técnicas y pedagógicas, era una realidad en el México de Justo Sierra, notable humanista que encabezaba la Subsecretaría de Instrucción Pública. A partir de las habilidades y cualidades artísticas y, del interés en prepararse como maestro que manifestaba Carlos del Castillo, le fue concedida una beca gubernamental. En 1903 se embarcó en Veracruz en un trasatlántico francés con destino a Bruselas. Después de llevar a cabo estudios en el ámbito altamente competitivo europeo, presentó el examen de admisión en el Real Conservatorio de Leipzig, Alemania, al que ingresó en octubre de 1904.
Alfred Reisenauer fue su maestro. Reisenauer fue discípulo de Franz Liszt, cuyo legado fue transmitido a los alumnos de diversas nacionalidades que coincidieron en aquella cátedra.

Franz Liszt y sus discípulos
Franz Liszt (al centro) con sus discípulos.
Todos los testimonios apuntan a reconocer en Liszt a un prodigioso pianista. Su obra vuelve la esplada a la tradición de un modo radical, trastocando la tonalidad, la armonía, el compás, la forma y la técnica instrumental.
Dada la vocación y preparación de Carlos del Catillo, desde 1908 fue nombrado maestro del Conservatorio Nacional. En 1923 José Vasconcelos lo invita a ser director de la institución oficial. Es hasta 1928, cuando concluye su período como director de la misma.
Posteriormente a la experiencia gubernamental, decidió dedicarse de lleno a la enseñanza desde su propia perspectiva e iniciativa, enormemente enriquecida con sus constantes recitales, conciertos y su labor editorial.
Un alto porcentaje de los artículos eran traducciones que él mismo realizaba. Su labor editorial continuó, destacando el esfuerzo más sólido con la publicación del boletín de la Academia Bach de 1941 a 1957.
La herencia de Carlos del Castillo está vigente. Severamente criticado, en su tiempo, por no haberse incorporado a las corrientes del nacionalismo musical, optó por una perspectiva internacional, universal que lo llevó a desarrollar su fuerza creadora en favor de la pedagogía musical en México.
Carlos del Castillo murió el 4 de junio de 1957.

