lunes, 8 de octubre de 2007
lunes, 17 de septiembre de 2007
SUPER COMPOSITOR MEXICANO
Les recomiendo escuchar mùsica de este compositor que le trae vida a la època revolucionaria.
Nombre del personaje: Ricardo Castro
Fecha de nacimiento: 7 de febrero de 1864
Fecha de fallecimiento: 28 de noviembre de 1907
Origen: Durango
Actividad: Músico
Época: Porfiriato

Ricardo Castro forma parte de los músicos más valiosos que ha tenido México y sus composiciones se escuchan en todos los continentes; entre sus principales obras podemos mencionar: Primera sinfonía, el vals Poético y otras más. Al componer sus alegres canciones (vals), sus óperas, al realizar sus conciertos Ricardo Castro se inspiraba en lo que veía a su alrededor y lo que a él mismo le sucedía.
Junto con Gustavo C. Campa, Juan Hernandéz Acevedo, Carlos J. Meneses, Ignacio Quesada y Felipe Villanueva integró el grupo conocido como: "El grupo de los seis", artistas de corte afrancesado que se reunían para discutir y analizar temas de actualidad musical, quienes mucho influyeron en la evolución de la música en su tiempo.
Les recomiendo escuchar mùsica de este compositor que le trae vida a la època revolucionaria.
Nombre del personaje: Ricardo Castro
Fecha de nacimiento: 7 de febrero de 1864
Fecha de fallecimiento: 28 de noviembre de 1907
Origen: Durango
Actividad: Músico
Época: Porfiriato

Ricardo Castro forma parte de los músicos más valiosos que ha tenido México y sus composiciones se escuchan en todos los continentes; entre sus principales obras podemos mencionar: Primera sinfonía, el vals Poético y otras más. Al componer sus alegres canciones (vals), sus óperas, al realizar sus conciertos Ricardo Castro se inspiraba en lo que veía a su alrededor y lo que a él mismo le sucedía.
Junto con Gustavo C. Campa, Juan Hernandéz Acevedo, Carlos J. Meneses, Ignacio Quesada y Felipe Villanueva integró el grupo conocido como: "El grupo de los seis", artistas de corte afrancesado que se reunían para discutir y analizar temas de actualidad musical, quienes mucho influyeron en la evolución de la música en su tiempo.
viernes, 31 de agosto de 2007
UN GRAN PERSONAJE
Bela Bartok es uno de los compositores menos conocidos y autor del mejor mètodo para principiante en la Academia J.S. Bach en Mèxico, con una explendida serie de obras el libro de piezas didacticas Microcosmos.
Bela Bartok

(Nagyszenmiklós, hoy Sinnicolua Mare, actual Rumania, 1881-Nueva York, 1945) Compositor húngaro. Junto a su compatriota Zoltán Kodály, Bela Bartok es el compositor más importante que ha dado la música húngara a lo largo de su historia y una de las figuras imprescindibles en las que se fundamenta la música contemporánea.
Hijo de un maestro de la Escuela de Agricultura de Nagyszenmiklós, los siete primeros años de vida del futuro músico transcurrieron en esta pequeña localidad, hoy perteneciente a Rumania. Fallecido su padre en 1888, su infancia se desarrolló en las diversas poblaciones húngaras a las que su madre, institutriz, era destinada.
Aunque los primeros pasos de Bartok en el mundo de la música se decantaron hacia la interpretación pianística (en 1905 llegó a presentarse al prestigioso Concurso Rubinstein de piano, en el que fue superado por un joven Wilhelm Backhaus), pronto sus intereses se inclinaron decididamente por la composición musical. De trascendental importancia fue el descubrimiento del folclor húngaro que Bartok, junto al mencionado Kodály, estudió de manera apasionada de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, con ayuda de un rudimentario fonógrafo y papel pautado.
Su influencia en su propia labor creadora sería determinante, hasta convertirse en la principal característica de su estilo y permitirle desvincularse de la profunda deuda con la tradición romántica anterior -en especial de la representada por autores como Liszt, Brahms y Richard Strauss- que se apreciaba en sus primeras composiciones, entre las que figura el poema sinfónico Kossuth.
No sólo el folclor húngaro atrajo sus miras: también lo hicieron el eslovaco, el rumano, el turco o el árabe. Con todo, no hay que pensar por ello que en sus obras se limitara a citarlo o a recrearlo, antes al contrario: el folclor era sólo el punto de partida para una música absolutamente original, ajena a los grandes movimientos que dominaban la creación musical de la primera mitad del siglo XX, el neoclasicismo de Stravinski y el dodecafonismo de Schönberg, por más que en ocasiones utilizara algunos de sus recursos.
Si bien en algunas composiciones se conserva total o parcialmente la melodía original (Cuarenta y cuatro dúos para dos violines), en otras, sobre todo en las más maduras, se asiste a la total absorción de los ritmos y las formas populares, de manera tal que, pese a no existir referencias directas, se advierte en todo momento su presencia. Páginas como las de la única ópera escrita por el músico, El castillo de Barba Azul; los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso; el Concierto para piano n.º 1 y el Allegro bárbaro para piano contribuyeron a hacer de Bartok un autor conocido dentro y fuera de las fronteras de su patria, a pesar del escándalo que suscitaron algunas de ellas por lo atrevido de su lenguaje armónico, rítmico y tímbrico.
Profesor de piano en la Academia de Música de Budapest desde 1907 y director adjunto de esta misma institución desde 1919, en 1934 abandonó los cargos docentes para proseguir su investigación en el campo de la musicología popular, al mismo tiempo que, como pianista, ofrecía recitales de sus obras en toda Europa y continuaba su tarea creativa, con partituras tan importantes como Música para cuerdas, percusión y celesta y la Sonata para dos pianos y percusión.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó, como a tantos otros de sus colegas, a buscar refugio en Estados Unidos. Allí, a pesar de algunos encargos puntuales como la Sonata para violín solo o el Concierto para orquesta, Bartok pasó por serias dificultades económicas, agravadas por su precario estado de salud. A su muerte, a causa de una leucemia, dejó inacabadas algunas composiciones, como el Concierto para piano n.º 3 y el Concierto para viola, ambas culminadas por su discípulo Tibor Serly.
Bela Bartok es uno de los compositores menos conocidos y autor del mejor mètodo para principiante en la Academia J.S. Bach en Mèxico, con una explendida serie de obras el libro de piezas didacticas Microcosmos.
Bela Bartok

(Nagyszenmiklós, hoy Sinnicolua Mare, actual Rumania, 1881-Nueva York, 1945) Compositor húngaro. Junto a su compatriota Zoltán Kodály, Bela Bartok es el compositor más importante que ha dado la música húngara a lo largo de su historia y una de las figuras imprescindibles en las que se fundamenta la música contemporánea.
Hijo de un maestro de la Escuela de Agricultura de Nagyszenmiklós, los siete primeros años de vida del futuro músico transcurrieron en esta pequeña localidad, hoy perteneciente a Rumania. Fallecido su padre en 1888, su infancia se desarrolló en las diversas poblaciones húngaras a las que su madre, institutriz, era destinada.
Aunque los primeros pasos de Bartok en el mundo de la música se decantaron hacia la interpretación pianística (en 1905 llegó a presentarse al prestigioso Concurso Rubinstein de piano, en el que fue superado por un joven Wilhelm Backhaus), pronto sus intereses se inclinaron decididamente por la composición musical. De trascendental importancia fue el descubrimiento del folclor húngaro que Bartok, junto al mencionado Kodály, estudió de manera apasionada de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, con ayuda de un rudimentario fonógrafo y papel pautado.
Su influencia en su propia labor creadora sería determinante, hasta convertirse en la principal característica de su estilo y permitirle desvincularse de la profunda deuda con la tradición romántica anterior -en especial de la representada por autores como Liszt, Brahms y Richard Strauss- que se apreciaba en sus primeras composiciones, entre las que figura el poema sinfónico Kossuth.
No sólo el folclor húngaro atrajo sus miras: también lo hicieron el eslovaco, el rumano, el turco o el árabe. Con todo, no hay que pensar por ello que en sus obras se limitara a citarlo o a recrearlo, antes al contrario: el folclor era sólo el punto de partida para una música absolutamente original, ajena a los grandes movimientos que dominaban la creación musical de la primera mitad del siglo XX, el neoclasicismo de Stravinski y el dodecafonismo de Schönberg, por más que en ocasiones utilizara algunos de sus recursos.
Si bien en algunas composiciones se conserva total o parcialmente la melodía original (Cuarenta y cuatro dúos para dos violines), en otras, sobre todo en las más maduras, se asiste a la total absorción de los ritmos y las formas populares, de manera tal que, pese a no existir referencias directas, se advierte en todo momento su presencia. Páginas como las de la única ópera escrita por el músico, El castillo de Barba Azul; los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso; el Concierto para piano n.º 1 y el Allegro bárbaro para piano contribuyeron a hacer de Bartok un autor conocido dentro y fuera de las fronteras de su patria, a pesar del escándalo que suscitaron algunas de ellas por lo atrevido de su lenguaje armónico, rítmico y tímbrico.
Profesor de piano en la Academia de Música de Budapest desde 1907 y director adjunto de esta misma institución desde 1919, en 1934 abandonó los cargos docentes para proseguir su investigación en el campo de la musicología popular, al mismo tiempo que, como pianista, ofrecía recitales de sus obras en toda Europa y continuaba su tarea creativa, con partituras tan importantes como Música para cuerdas, percusión y celesta y la Sonata para dos pianos y percusión.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó, como a tantos otros de sus colegas, a buscar refugio en Estados Unidos. Allí, a pesar de algunos encargos puntuales como la Sonata para violín solo o el Concierto para orquesta, Bartok pasó por serias dificultades económicas, agravadas por su precario estado de salud. A su muerte, a causa de una leucemia, dejó inacabadas algunas composiciones, como el Concierto para piano n.º 3 y el Concierto para viola, ambas culminadas por su discípulo Tibor Serly.
jueves, 30 de agosto de 2007
¿QUIEN FUE CARLOS DEL CASTILLO?
Carlos del Castillo nació el 13 de septiembre de 1882.
Desde su niñez intuyó y entendió su vocación musical y, aún con la resistencia de la familia inició sus estudios de piano. Alguno de sus biógrafos menciona que al inscribirse en el Conservatorio Nacional en 1895, también estudió violín y violoncello, lo que explica su temprano conocimiento en lo que a música de cámara se refiere.

Carlos del Catillo al clavicordio - Julián Carrillo dirigiendo
La posibilidad de prepararse en centros artísticos de prestigio, obtener mayores y mejores herramientas técnicas y pedagógicas, era una realidad en el México de Justo Sierra, notable humanista que encabezaba la Subsecretaría de Instrucción Pública. A partir de las habilidades y cualidades artísticas y, del interés en prepararse como maestro que manifestaba Carlos del Castillo, le fue concedida una beca gubernamental. En 1903 se embarcó en Veracruz en un trasatlántico francés con destino a Bruselas. Después de llevar a cabo estudios en el ámbito altamente competitivo europeo, presentó el examen de admisión en el Real Conservatorio de Leipzig, Alemania, al que ingresó en octubre de 1904.
Alfred Reisenauer fue su maestro. Reisenauer fue discípulo de Franz Liszt, cuyo legado fue transmitido a los alumnos de diversas nacionalidades que coincidieron en aquella cátedra.

Franz Liszt y sus discípulos
Franz Liszt (al centro) con sus discípulos.
Todos los testimonios apuntan a reconocer en Liszt a un prodigioso pianista. Su obra vuelve la esplada a la tradición de un modo radical, trastocando la tonalidad, la armonía, el compás, la forma y la técnica instrumental.
Dada la vocación y preparación de Carlos del Catillo, desde 1908 fue nombrado maestro del Conservatorio Nacional. En 1923 José Vasconcelos lo invita a ser director de la institución oficial. Es hasta 1928, cuando concluye su período como director de la misma.
Posteriormente a la experiencia gubernamental, decidió dedicarse de lleno a la enseñanza desde su propia perspectiva e iniciativa, enormemente enriquecida con sus constantes recitales, conciertos y su labor editorial.
Un alto porcentaje de los artículos eran traducciones que él mismo realizaba. Su labor editorial continuó, destacando el esfuerzo más sólido con la publicación del boletín de la Academia Bach de 1941 a 1957.
La herencia de Carlos del Castillo está vigente. Severamente criticado, en su tiempo, por no haberse incorporado a las corrientes del nacionalismo musical, optó por una perspectiva internacional, universal que lo llevó a desarrollar su fuerza creadora en favor de la pedagogía musical en México.
Carlos del Castillo murió el 4 de junio de 1957.
Carlos del Castillo nació el 13 de septiembre de 1882.
Desde su niñez intuyó y entendió su vocación musical y, aún con la resistencia de la familia inició sus estudios de piano. Alguno de sus biógrafos menciona que al inscribirse en el Conservatorio Nacional en 1895, también estudió violín y violoncello, lo que explica su temprano conocimiento en lo que a música de cámara se refiere.

Carlos del Catillo al clavicordio - Julián Carrillo dirigiendo
La posibilidad de prepararse en centros artísticos de prestigio, obtener mayores y mejores herramientas técnicas y pedagógicas, era una realidad en el México de Justo Sierra, notable humanista que encabezaba la Subsecretaría de Instrucción Pública. A partir de las habilidades y cualidades artísticas y, del interés en prepararse como maestro que manifestaba Carlos del Castillo, le fue concedida una beca gubernamental. En 1903 se embarcó en Veracruz en un trasatlántico francés con destino a Bruselas. Después de llevar a cabo estudios en el ámbito altamente competitivo europeo, presentó el examen de admisión en el Real Conservatorio de Leipzig, Alemania, al que ingresó en octubre de 1904.
Alfred Reisenauer fue su maestro. Reisenauer fue discípulo de Franz Liszt, cuyo legado fue transmitido a los alumnos de diversas nacionalidades que coincidieron en aquella cátedra.

Franz Liszt y sus discípulos
Franz Liszt (al centro) con sus discípulos.
Todos los testimonios apuntan a reconocer en Liszt a un prodigioso pianista. Su obra vuelve la esplada a la tradición de un modo radical, trastocando la tonalidad, la armonía, el compás, la forma y la técnica instrumental.
Dada la vocación y preparación de Carlos del Catillo, desde 1908 fue nombrado maestro del Conservatorio Nacional. En 1923 José Vasconcelos lo invita a ser director de la institución oficial. Es hasta 1928, cuando concluye su período como director de la misma.
Posteriormente a la experiencia gubernamental, decidió dedicarse de lleno a la enseñanza desde su propia perspectiva e iniciativa, enormemente enriquecida con sus constantes recitales, conciertos y su labor editorial.
Un alto porcentaje de los artículos eran traducciones que él mismo realizaba. Su labor editorial continuó, destacando el esfuerzo más sólido con la publicación del boletín de la Academia Bach de 1941 a 1957.
La herencia de Carlos del Castillo está vigente. Severamente criticado, en su tiempo, por no haberse incorporado a las corrientes del nacionalismo musical, optó por una perspectiva internacional, universal que lo llevó a desarrollar su fuerza creadora en favor de la pedagogía musical en México.
Carlos del Castillo murió el 4 de junio de 1957.

El 18 de noviembre de 1907 en el número 1 de la antigua cerrada de Mondeda se fundaba la Academia Juan Sebastián Bach, por el joven maestro de 25 años de edad Carlos del Castillo.
En 1906, regresaba Carlos del Castillo de Europa y había resuelto firmemente crear una institución que propiciara y transmitiera el conocimiento y estudio de la obra del gran músico alemán.
En 1909 la sede de la Academia se trasladó a la calle de Versalles; después a las calles del Pino, a la de las Artes, a la de Bucareli y a la de López. El 10 de abril de 1919 se colocó la primera piedra de la sede de Calzada de Tacubaya, que se inauguró el 11 de abril de 1920, con el estreno en México de la Misa en si menor de Bach, con la participación del coro de la Academia y la Orquesta bajo la dirección del propio Maestro del Castillo.
Aunque la vida de Carlos del Castillo se extinguió el 4 de junio de 1957, su proyecto de enseñanza y difusión musical ha continuado hasta hoy. Su esposa Josefina y su hijo Carlos promovieron la decisión y contribuyeron a la construcción de la actual sede de la Academia ubicada en División del Norte 1282, en 1964, en la que su hija Graciela y su nieta María Luisa han trabajado incansablemente para dar continuidad, enriquecer y actualizar la labor pedagógica. Sus discípulos, desde luego, han contribuido a sustentar su herencia musical.
Los vínculos de la Academia, primero con instituciones alemanas y europeas en general, con instituciones de prestigio en Estados Unidos y en las dos últimas décadas con la Academia Chigiana de Siena, Italia, dejan constancia de su vocación de diálogo, intercambio y actitud contemporánea. En los últimos años, la Academia ha recibido a jóvenes músicos canadienses y españoles, en el contexto de esta nueva relación que exige el lenguaje universal de la música.
Para reafirmar su vocación, la Academia tuvo el honor de contar el pasado año, con la presencia del maestro e investigador Kurt Redel quien ofreció en las instalaciones de la Academia el Curso-Taller Magistral "Bach y el Barroco" Interpretación y Ornamentación. Con motivo de los 250 años de la muerte de Bach.
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